No existe la imitación perfecta, porque la imitación perfecta es la realidad.

February 4, 2007

nada es perfectamente imitable, se pueden lograr buenas imitaciones, pero lo que nunca se puede conseguir es hacerlo perfectamente igual. Tendemos a imitar a las personas que nos rodean con afán de adquirir parte de sus habilidades, pero es evidente que nunca nos convertiremos en ella. Imitar es bueno.

O no. Pues hay quien cuando no consigue imitar a la perfección, transforma su admiración en ese campo en obsesión.
O hay ciertas imitaciones que mejor tenerlas lejos.
Si hablamos sobre la amistad (aceptación de las características de un individuo, sus valores, ideas, miedos, aciertos, errores, en definitiva su forma de ser), hay quien intenta imitarla tratando de obtener los beneficios de la misma, pero, evidentemente, al ser imitada pierde su valor y deja de existir con el tiempo, no es real. De ahí que perdamos de golpe amistades que creíamos eternas, pues eran meramente burdas interpretaciones.

Cuando alguien miente, llora o ríe, aún siendo prácticamente reales sus emociones y acciones, si no son realmente sinceras, su “actuación” no será perfecta.
Mentir es imitar nuestras propias sensaciones y emociones. Por eso, dependiendo de tu interpretación, lo harás mejor o peor.

Fórmate, aprende de los demás, imita lo que admiras. Pero nunca imites cuando amas, nunca imites tu amistad, hay valores que son demasiado personales como para imitarlos.

La realidad es imitar a la perfección.

2 Comments »

The URI to TrackBack this entry is: http://mguerrero.blogsome.com/2007/02/04/no-existe-la-imitacion-perfecta-porque-la-imitacion-perfecta-es-la-realidad/trackback/

  1. ¿Por qué nos comparamos con los demás? Una explicación sostiene que es para conservar o aumentar la autoestima: al ser humano le gusta comprobar que tiene tanto éxito como sus semejantes. También se ha afirmado que las comparaciones sirven para despejar dudas sobre nosotros mismos, pues nos permiten tener una idea de lo que somos capaces de conseguir y cuáles son nuestros límites. Cuando observamos los logros alcanzados por personas que en muchos aspectos son como nosotros, llegamos a la conclusión de que podemos cumplir con metas parecidas.
    Las comparaciones casi siempre se hacen entre personas que se asemejan: son del mismo sexo, tienen una edad y nivel social parecido, y se conocen. Es menos probable que una persona se compare con otra si existen grandes diferencias entre ambas. Lo más seguro, por ejemplo, es que la adolescente de término medio se compare más con sus compañeras de clase que con una modelo famosa, y probablemente la modelo tampoco se comparará con la joven.
    ¿En qué campos suelen hacerse comparaciones? Por lo general respecto a cualquier posesión o atributo que se considere de valor en la comunidad, como la inteligencia, la belleza, la riqueza o la forma de vestir. Y tendemos a compararnos en los aspectos que nos interesan. Probablemente no envidiaremos el tamaño de la colección de sellos de un conocido, por ejemplo, a no ser que nos interese la filatelia.
    Las comparaciones provocan toda una gama de reacciones, desde la alegría hasta la depresión, desde la admiración y el afán de imitar, hasta el malestar y el antagonismo.

    Muchas veces, las comparaciones llevan a la amargura y a la depresión, pero no siempre tiene que ser así. A este respecto, notemos el consejo del apóstol Pablo: “Sean imitadores de los que mediante fe y paciencia heredan las promesas” (Hebreos 6:12). Es bueno esforzarse por cultivar cualidades como las de los siervos fieles de Jehová de tiempos antiguos. Claro que, a fin de lograrlo, tal vez tengamos que hacer algunas comparaciones. Pero estas nos ayudan a ver ejemplos que podemos imitar y aspectos en los que debemos mejorar.
    Si no tenemos cuidado, la imitación puede convertirse en competencia. Si nos sentimos superados por alguien a quien admiramos y tratamos de denigrarlo o criticarlo, la imitación ha dado paso a la envidia.
    Lo cierto es que ningún ser humano imperfecto ofrece un modelo ideal. Por esa razón, las Escrituras nos dicen: “Háganse imitadores de Dios, como hijos amados”. También nos recuerdan: “Cristo sufrió por ustedes, dejándoles dechado para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención” (Efesios 5:1, 2; 1 Pedro 2:21). Lo que debemos esforzarnos por imitar son las cualidades de Jehová y de Jesús: su amor, afecto, compasión y humildad. Hemos de dedicar tiempo a compararnos con sus cualidades, propósitos y modo de hacer las cosas. Dicha comparación puede enriquecer nuestra vida, pues nos provee guía confiable, estabilidad y seguridad, además de ayudarnos a alcanzar la talla que corresponde a cristianos maduros (Efesios 4:13). Si nos concentramos en hacer todo cuanto podamos por imitar los ejemplos perfectos de Jehová y de Jesús, no hay duda de que nos sentiremos menos propensos a compararnos con nuestro prójimo.

    Puede ser que mucha gente se conforme con vivir pensado que es muy bonito el existir y disfrutar de ello,
    TE CONFORMAS SOLO CON ESO.
    ESPERO ALGUN DIA DISFRUTAR DE PROMESA REALES.
    NO SE DE NADIE CAPAZ DE HABER CUNPLIDO TODAS SUS PROMESA Y TÚ.

    Comment by YO — February 6, 2007 @ 12:17 am

  2. Gracias que no se han cumplido todas y no quiero que nunca se cumplan todas, asi tendre metas que me hagan esforzarme.
    Gracias por tu interes, pero para mi ese es el lado demasiado bueno de la vida e irreal.

    Comment by mguerrero — February 7, 2007 @ 10:00 pm

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>


Free counter and web stats